Energía solar térmica

La tecnología solar térmica utiliza la energía procedente directamente del sol para producir agua caliente, que se puede utilizar en aplicaciones sanitarias (para la ducha o para la cocina) o para la calefacción (de piscinas, de locales … ), y también se prevé su uso para procesos industriales de lavado o de precalentamiento.
El sistema para conseguir este aporte de temperatura se hace por medio de captadores.
El captador es una superficie que, expuesta a la radiación solar, permite absorber su calor y transmitirla a un fluido.
Existen tres técnicas diferentes en función de la temperatura en la que puede llegar la superficie captadora:

 baja temperatura, la captación directa, la temperatura del fluido es por debajo del punto de ebullición.
 Media temperatura, captación de bajo índice de concentración, la temperatura del fluido es más elevada de 100º C
 Alta temperatura, captación de alto índice de concentración, la temperatura del fluido es más elevada.

Una instalación solar térmica está formada por un sistema de captadores que recogen la energía solar y la transforman en energía térmica, una serie de depósitos que almacenan el agua caliente, y un sistema de tuberías, válvulas, y bombas que transportan el agua caliente desde el sistema captador hasta el de acumulación, y de éste a los puntos de consumo. Si las necesidades de calor a lo largo del año no coinciden con la energía solar que recibimos, podemos instalar una fuente de energía complementaria que sólo se activará cuando la energía almacenada en los captadores no sea suficiente.

En las ciudades, los captadores solares se pueden instalar en terrazas, tejados, fachadas o patios soleados, siempre siguiendo criterios arquitectónicos que permitan la máxima integración de los elementos en la edificación y minimicen el impacto visual. Los captadores deben orientarse al sur, y con una inclinación que maximice la energía captada. Para un consumo de agua caliente sanitaria constante a lo largo del año, la inclinación aconsejada es de 45 grados. Estas instalaciones pueden aportar, a las viviendas, más del 60% de la energía necesaria para calentar el agua sanitaria doméstica. El resto puede ser aportada, por ejemplo, por una caldera de gas convencional de modulación termostática y eficiente.

A pesar del costo inicial de este tipo de instalaciones, la alta rentabilidad de la energía solar permite recuperar a medio plazo la inversión inicial, que puede reducirse significativamente gracias a las subvenciones proporcionadas por las administraciones. Sin embargo, la implementación de esta tecnología todavía tiene que luchar con el gran desconocimiento de sus aplicaciones por parte de la mayor parte de la sociedad.